Técnica y velocidad

La técnica y la velocidad son dos aspectos imprescindibles a la hora de tocar un instrumento y por eso no pueden faltar en nuestra rutina de estudio. Por esta razón no es de extrañar que sea un tema recurrente que aparece con frecuencia en los foros, vídeos y artículos de música. 

Si bien es cierto que tanto la técnica y la velocidad tienen que estar siempre supeditadas a la musicalidad, dominarlas favorecerá la misma. Cuanto menos tengamos que “pelearnos” con el instrumento para crear nuestra composición u obtener el sonido que nos interesa, más podremos focalizarnos en el ámbito creativo. 

En este artículo voy a explicarte seis claves imprescindibles que no puedes saltarte si quieres avanzar en estos dos ámbitos. Además, me gustaría recalcar que estas claves están basadas en la evidencia científica, en pruebas demostradas y que son aplicables a cualquier instrumento, no solo a la guitarra.

 Conceptos Previos:

Para no hacer muy extenso mi artículo y que la lectura no se vea interrumpida constantemente por los datos y estudios, voy a reservar un espacio al final del mismo donde volcaré todos los estudios y contenido en el que me he basado por si se quiere profundizar en el tema.

También me gustaría comentar que en lo relativo a la velocidad, para tocar un instrumento interfieren cuatro tipos de velocidad: la velocidad mental (el tiempo transcurrido entre querer realizar una acción e iniciar dicha acción), velocidad gestual (el tiempo transcurrido en el cual los músculos se activan para realizar un gesto), velocidad cíclica (es un tiempo determinado donde se efectúan un conjunto de gestos) y la velocidad de relajación (el tiempo transcurrido en el cual los músculos dejan de tensionarse y vuelven a su estado natural). Para este artículo me centraré en los tres últimos, aunque bien es cierto que hay ejercicios para aumentar la velocidad mental (artículoartículo).

Dicho esto, estas son las seis claves.

Memoria muscular 

Sin duda el aspecto principal a tener en cuenta, no solo para ganar velocidad y técnica, sino directamente para aprender a tocar es el de la memoria muscular o aprendizaje motor. ¿Qué es la memoria muscular? Es el proceso por el cual nuestro cuerpo y concretamente nuestros músculos se desarrollan para aprender a ejecutar un movimiento y memorizarlos. Para ello hay que tener en cuenta tres factores principales: la repetición de un movimiento, la repetición del movimiento a lo largo del tiempo y el descanso. Dicho de otra manera, repetir un movimiento varias veces, varios días y dejar reposar la mano para no lesionarnos. Por eso es imprescindible la constancia y tener una rutina. Si solo vas a coger tu instrumento para hacerte fotos y subirlas a las redes, es probable que crezcas en tu Instagram, pero no te va a hacer mejor instrumentista.

Siguiendo con esto hay un factor crucial, el conocido como el umbral de aprendizaje motor. El umbral de aprendizaje motor es el tiempo que tienes que practicar ese ejercicio para que tu cuerpo lo asimile y lo aprenda. Según la evidencia científica, deberías practicar un mismo ejercicio entre cinco minutos y cuarenta seguidos. Es decir, si practicas el ejercicio menos de cinco minutos es imposible que tu cuerpo lo aprenda pero a partir de los cuarenta minutos, por mucho que insistas y lo repitas tu cuerpo no lo va a perfeccionar. Eso no quiere decir que, en el mismo día y después de un buen descanso, no puedas volver a practicarlo, ni lo puedas perfeccionar, aunque esto sería un punto a matizar pues la musculatura no se desarrolla igual sin un descanso completo. Tampoco estoy diciendo que no tienes practicar con tu instrumento más de cuarenta minutos, sino un mismo ejercicio, cuarenta minutos. 

Mi opinión personal es que quizá cuarenta minutos es algo excesivo y que lo ajustes a tu nivel de experiencia para prevenir lesiones. También comentar que no te centres en si dedicas muchos o pocos minutos a un ejercicio y que el tiempo que dediques, sea cual sea, sea de calidad, aplicando correctamente las claves que se desarrollarán en este artículo. Como siempre, es mejor la calidad que la cantidad. 

Fuerza y tensión muscular

Otro punto a tener en cuenta es el uso de la fuerza y la tensión muscular. Como está demostrado científicamente, los seres humanos estamos configurados de manera innata para que, cada vez que queramos incrementar la velocidad en algún gesto, tengamos que aplicar mayor fuerza. Esto supone un problema a la hora de tocar un instrumento, pues cuando esta fuerza se aplica a un instrumento, esta se transforma en tensión muscular, la cual resta flexibilidad a nuestros músculos y por lo tanto, genera fatiga y resta velocidad. Cuanta más fuerza, más tensión. Estamos ante una situación en la cual, de manera innata, aplicamos fuerza para incrementar velocidad, pero a su vez no podemos evitar generar tensión muscular.

La manera de solucionar esta problemática es la siguiente: el objetivo no es aplicar mucha fuerza a la hora de tocar, sino aplicar la fuerza necesaria para que el instrumento suene correctamente y no más, pues estaremos gastando energía de manera innecesaria, además de aumentar el riesgo de lesión exponencialmente. Dicho de otra manera, intenta tocar apretando los dedos lo mínimo posible para que suene el instrumento. Aquí un ejercicio que puede ayudarte (video).

Durante mucho tiempo se ha creído que es importante adquirir mucha fuerza en la mano para poder tocar un instrumento, y si bien es cierto que cuando estás empezando la musculatura de la mano tiene que conseguir ganar fuerza y desarrollarse de una manera determinada, no es para nada un factor decisivo a la hora de tocar el tener excesiva fuerza en la misma. Por este motivo, los deportistas de powerlifting o competidores de pulsos serían excelentes instrumentistas, y hasta la fecha no se ha publicado ningún estudio que demuestre esa relación.

 

Distancia mano – instrumento y movimientos innecesarios

Otro punto a tener en cuenta a la hora de tocar es la distancia entre los dedos, las manos o baquetas respecto al instrumento. Algo que tienen en común los instrumentistas de gran velocidad y técnica es que apenas alejan los dedos de su instrumento. 

Alejar los dedos del instrumento tiene algunos problemas importantes desde el enfoque técnico: el primero es que se está fatigando tu mano inútilmente y de manera innecesaria (esa distancia extra que recorre no suena, no tiene utilidad musical), aumentando el riesgo de lesión. También se resta velocidad al movimiento, pues el dedo o la mano tarda más en ejecutar la acción ya que tiene que hacer más recorrido para llegar a su objetivo. Se pierde precisión, cuanto más lejos esté el dedo o la mano de su objetivo, más probable es no acertar en el punto concreto para tocar y conseguir así sonar de manera deseada. El exceso de movimiento de los dedos vuelve la mano más inestable, dificultando la coordinación y la nitidez sonora. 

Por estos motivos, mi consejo es que intentes tocar con los dedos, mano o baqueta, lo más cerca del lugar donde tienen que aplicarse posible.  

 

Aprender a tocar lento 

Este para mi es sin duda uno de los puntos donde más personas fallan a la hora de desarrollar técnica y velocidad. Se suele comentar en muchos foros, y con razón, que para tocar rápido un ejercicio primero hay que tocarlo muy lento. Para mi esta afirmación es cierta pero incompleta.

El error que yo encuentro en este punto es centrarse únicamente en tocar más despacio y eso no basta: también hay que tener en cuenta el punto dos y tres de este artículo. Me explico: muchas personas al sentirse cómodas con un tempo más pausado, aplican más fuerza, separan más los dedos del instrumento, articulan el movimiento diferente, etc. Cuando vamos despacio podremos hacerlo, pero al incrementar la velocidad no, y por eso nos sentimos atascados. No solo hay que tocar el ejercicio lento, también hay que centrarse en la tensión que estamos aplicando, en la distancia entre los dedos y el instrumento, en la manera de articular el movimiento. Tocar lento es la antesala para tocar rápido por lo tanto estos factores tienen que ser idénticos independientemente de la velocidad, de lo contrario en realidad lo que estamos haciendo es emplear un tipo de técnica cuando tocamos lento y otro tipo cuando tocamos rápido y por eso nos atascamos.

Un ejemplo muy típico de esto es cuando los guitarristas quieren aprender a tocar sweep picking. Cuando están haciéndolo a un tempo lento, en vez de “barrer” con la púa lo que hacen es atacar, cosa que no podrán hacer cuando vayan rápido. En realidad, lo que están haciendo es dos ejercicios diferentes aunque sean las mismas notas.

 

Tocar inteligentemente

En muchos casos el problema por el cual no progresamos no es debido a que aplicamos demasiada fuerza o separamos en exceso los dedos, sino que estamos ejecutando el movimiento de una manera ineficaz. Antes de realizar cualquier movimiento, antes de ponerte a practicar cualquier ejercicio, asegúrate de que estás ejecutándolo de la manera más óptima. 

Como idea principal mi recomendación es buscar la vía más simple y con menos movimientos para realizar un ejercicio. Cuantos menos movimientos se vean implicados para realizar un movimiento, más fácil lo tendrá nuestro cuerpo para coordinarlos. Por ejemplo si estás tocando el piano asegúrate que esa combinación de dedos es la mejor para desplazar la mano lo mínimo posible. O si eres guitarrista, asegúrate que esa posición de la escala es la más óptima para poder realizar un movimiento concreto.

Dedica unos minutos a pensar con tu instrumento, reprimiendo las ganas de ponerse a tocar enseguida. Esos minutos que dediques a la larga te harán ganar tiempo, de lo contrario, cuando te des cuenta de que esa manera de tocar no es la correcta, tendrás que volver a empezar, invirtiendo al final mucho más tiempo.

 

Ajuste del instrumento

Este punto es quizá el más controvertido de todos pues si bien es cierto que el ajuste del instrumento influye en la técnica para tocar, muchas personas lo usan como excusa por la cual no consiguen sus objetivos. Antes de echarle la culpa al instrumento, mi recomendación es asegurarse de que se han cumplido los puntos anteriores, especialmente el de la repetición y la constancia.

Dicho esto, es cierto que la calidad de nuestro instrumento y también la capacidad del mismo para ajustarlo a nuestras necesidades influye en la técnica. Siendo más específico me refiero a aspectos como la velocidad que tendría un piano para que sus teclas volvieran a su posición natural una vez apretadas, lo mismo con los pistones o válvulas de un clarinete, la posición de los toms o caja de una batería, la distancia de las cuerdas de una guitarra respecto al diapasón, etc… 

Obviamente un punto aquí importante es el factor económico pues no todo el mundo puede permitirse instrumentos de alta gama que le permita un gran ajuste o directamente para un hobby no ve la necesidad de invertir gran cantidad de dinero en eso. Obviando este punto, mi recomendación es que intentes ajustar tu instrumento lo mejor posible dentro de las posibilidades del mismo. 

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